Este 28 de junio volvemos a celebrar, un año más, el Día Internacional del Orgullo LGTBI. Han pasado 56 años desde aquellos disturbios en Stonewall (Nueva York), los cuales supusieron el inicio de una lucha por la conquista de derechos para todas las personas LGTBI. Gritaron «¡basta!» ante una sociedad que criminalizaba la diversidad sexual y de género, que la trataba como una enfermedad e invisibilizaba a quienes se salían de la heteronormatividad.
Mucho ha pasado desde entonces y se han logrado muchos avances. Este año es especialmente importante, ya que se conmemora el 20.º aniversario de la aprobación del matrimonio igualitario. Fuimos el tercer país del mundo en aprobarlo y el primero en aprobar, al mismo tiempo, la adopción para parejas del mismo sexo. En definitiva, hace 20 años se aprobó que las personas LGTBI pudieran desarrollar de manera plena su proyecto de familia.
Es importante reconocer la labor de las asociaciones LGTBI y de los activistas en derechos humanos que trabajaron para conquistar este derecho. En especial, es justo reconocer la figura de Pedro Zerolo, quien trabajó tanto dentro como fuera del PSOE para que este derecho hoy sea una realidad. Porque, en aquella época, no era fácil plantear estas necesidades.
Fueron muchas las voces discrepantes, lideradas por el Partido Popular y la Iglesia de nuestro país: Ana Botella comparando la diversidad sexual con peras y manzanas; la Iglesia, horrorizada, diciendo que lo siguiente sería el matrimonio entre personas y animales; y el Partido Popular llevando la medida al Tribunal Constitucional. Pero, 20 años después, aquí sigue en pie como uno de los mayores derechos civiles alcanzados, a pesar del odio sembrado por ciertas esferas políticas y sociales. Por cierto, 20 años después, el Partido Popular sigue sin pedir perdón a todas aquellas personas y familias afectadas por sus declaraciones y acciones. Pero, como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena. Estoy seguro de que, en algún momento, se posicionarán del lado bueno de la historia y se sumarán al avance de los derechos en materia de diversidad sexual y de género.
A pesar de que el Orgullo es un día para celebrar todo lo alcanzado, este año también tiene un carácter amargo. Este Orgullo toca reivindicarse también por aquellas personas LGTBI que no pueden hacerlo, ya sea porque en sus países es peligroso o porque han optado por recortar sus derechos, como sucede en Rusia o Hungría. Estamos viviendo el primer retroceso en materia de diversidad sexual y de género en Europa. Esto es muy preocupante, ya que existe el riesgo de contagiar al resto de países miembros y alentar más a los grupos de ultraderecha.
El avance de la ultraderecha amenaza los derechos conquistados por las personas LGTBI. Estamos viendo con mucha preocupación cómo, en aquellas regiones donde tienen responsabilidades de gobierno, criminalizan con sus discursos a las personas LGTBI, las asocian con la pederastia y la perversión de menores, y recortan las leyes autonómicas (o, por lo menos, lo intentan). Sin irnos muy lejos, la semana pasada VOX fue el único partido con representación en el Congreso que votó en contra de la iniciativa presentada por el PSOE para modificar el Código Penal y prohibir las terapias de conversión en todo el país. Estas terapias no son otra cosa que torturas enmascaradas bajo el nombre de «terapias», que son traumáticas y atentan contra la dignidad humana. Lejos de aceptar la diversidad sexual como una forma más de la diversidad humana, la tratan como una enfermedad que debe ser «curada».
Por eso, en este Orgullo hay que salir a la calle más orgullosos y orgullosas que nunca, recordando todo lo alcanzado y agradeciendo a quienes nos precedieron. Gracias a esas personas, hoy podemos vivir la diversidad sexual y de género de una manera más libre, pero sin olvidarnos de todo lo que queda por hacer. Recordemos que, en España, hoy se siguen perpetrando torturas hacia las personas LGTBI. Debemos terminar con ellas y perseguir a quienes las realizan.
Julen Enériz
Secretario LGTBI PSN-PSOE