10 Oct 2015 DEVOLVER LA DIGNIDAD A LA POLÍTICA PARA QUE LA POLÍTICA DEVUELVA LA DIGNIDAD A LOS CIUDADANOS

TONI MAGDALENO ALEGRÍA, Profesor de Derecho Constitucional y candidato al Senado por el PSN-PSOE

DIARIO DE NAVARRA – Me preguntan estos días por los motivos que me han llevado a encabezar la lista electoral del PSN-PSOE al Senado. A algunos les resulta difícil entender que una persona con estabilidad profesional se dedique a la política en estos tiempos.

Es verdad que quizá no son los mejores tiempos para la política. Por eso mismo es ahora cuando hay que demostrar el compromiso y su necesidad.  La crisis económica y los repugnantes casos de corrupción, entre otros motivos, han llevado a un alejamiento de los ciudadanos respecto de los políticos que, en muchos casos, son percibidos como un grupo de personas apegadas a un cargo y que nunca asumen responsabilidades por su gestión.  Afortunadamente, esos no son la mayoría, aunque es verdad que son los que tienen más visibilidad mediática.

En todo caso, es evidente la necesidad de regenerar la política. Este proyecto político me dará, espero, la oportunidad de mejorar la percepción e interés que tienen los ciudadanos sobre la política, que no es otra cosa que mejorar la democracia a través de una justicia social. Si consigo aportar mi granito de arena, daré por bueno este paso adelante.

No existen fórmulas mágicas, pero los cambios constitucionales y normativos que el PSOE propone al respecto, no servirán de nada si como sociedad no cambiamos de mentalidad. Los representantes públicos deben contribuir en ese empeño con su ejemplo. En este sentido, creo que resulta de interés compartir algunas reflexiones.

Considero que, salvo excepciones, no es positiva la existencia de políticos profesionales. Sí creo, en profesionales, sean del ámbito que sean, que participan en política. En la vida hay un momento para cada cosa, y antes de asumir cualquier responsabilidad pública, resulta muy conveniente desarrollar una carrera profesional y experimentar las dificultades e incertidumbres que ello implica. Mantengo esta postura esencialmente por dos razones: de un lado, el contacto con las dificultades del día a día asegura una mayor sensibilidad social y empatía con la realidad de los ciudadanos. De otro lado, el hecho de no depender económicamente de la política incrementa la libertad de actuación de los representantes públicos tanto en las instituciones como en las sedes de los partidos, lo que en mi opinión mejora las decisiones colectivas.

La política es un servicio a los demás. Los ciudadanos con inquietudes deciden dedicarse a la cosa pública con la intención de tratar de mejorar el modo de organizar la sociedad. Transcurrido un tiempo razonable, deben dejar sus responsabilidades para que otros ciudadanos tomen el relevo y haya una renovación política.

Creo en la normalidad de la política. Se trata de que quien ocupe un cargo público ejerza un servicio a la sociedad, y como representante de todos nosotros se le reconozca la autoridad que requiere el cargo, lejos de todo autoritarismo.

Tenemos que asumir, si queremos vivir en democracia, que no hay verdades absolutas, que no existen buenos y malos ciudadanos sino personas que tienen distintas opiniones, que el adversario no es un enemigo, sino una persona que piensa de manera distinta, que propugna un modo de organización social diferente. Convivimos en sociedades plurales, tenemos diferentes orígenes, posiciones sociales, sensibilidades, etc. La democracia supone aceptar que existen distintas posiciones y el pluralismo debe ser valorado de manera positiva. Los proyectos se deben desarrollar mediante métodos democráticos y pacíficos y, asimismo, tienen que ser respetuosos con los derechos fundamentales.

Resulta esencial reformar los partidos políticos. En nuestra democracia representativa los partidos políticos son el único instrumento posible para canalizar la participación de los ciudadanos. Los partidos políticos son el único modo posible de organizar personas en torno a un programa electoral coherente. Resulta imprescindible, entre otras medidas de regeneración democrática, que la regulación de los partidos políticos asegure procedimientos democráticos y competitivos para la designación de los cargos orgánicos y de los candidatos que concurren a las elecciones.

En definitiva, pienso que resulta imprescindible devolver a la política su capacidad para encauzar los problemas mediante la participación de los representantes de los ciudadanos en determinados foros e instituciones, darle la dignidad que se merece, para que la política vuelva a los ciudadanos.