16 Oct 2016 Convicción y responsabilidad para elegir

DIARIO DE NAVARRA – Jesús Mari Fernández (Diputado del PSN-PSOE) – Hace un año que el Comité Regional del Partido Socialista de Navarra me confirmó como cabeza de lista al Congreso de los Diputados. Unos días antes su Secretaria General, María Chivite, me había invitado a dedicar unos años a la política y decidí aceptar, dejando por un tiempo mi actividad profesional. Tiempos difíciles para la política, por su descrédito, y por los retos difíciles que enfrentaba la lista socialista, con nuevos partidos emergentes y unos partidos nacionalistas encaramados a la proyección y ventaja de gobernar Navarra. La oferta sin embargo era apasionante: participar de la renovación del socialismo navarro basado en la ética y en un proyecto de cambio real. Proyecto basado en el rigor, trabajo y competencia en la práctica política, y en el reforzamiento de la unidad de los miles de socialistas navarros, jóvenes y mayores, que siempre se han crecido ante las dificultades. Nadie pensaba que la experiencia fuese a ser tan compleja. Y ahora, un año después y tras dos elecciones, nos enfrentamos ante un grave dilema en el que el partido socialista tiene la responsabilidad de decidir sobre el futuro Gobierno de España.

Respecto de esta difícil decisión, algunos lo han planteado como un falso dilema: ¿Debe prevalecer la convicción o la responsabilidad? Sin dar más razones anteponen la segunda, es decir el partido socialista no tiene más opción que hacer posible el gobierno del Partido Popular, o arriesgarse a obtener los peores resultados de su historia en unas terceras elecciones. Visto así el dilema que proponen parece más bien uno entre convicción y resignación, o entre convicción y conveniencia. Porque convicción y responsabilidad no deben contraponerse. Convicción apela a lo que uno personalmente considera adecuado en conciencia. Y responsabilidad a la propiedad de satisfacer o responder de un compromiso o de una obligación frente a otros.

Por eso, por convicción y por responsabilidad con mis electores, no contemplo otra decisión que no sea seguir defendiendo y trabajando para hacer posible el cambio de gobierno que prometimos. Por eso creo que el Partido Socialista debe seguir votando no a la investidura de Mariano Rajoy aunque con ello vayamos de nuevo a las urnas. No es una opción popular, no es deseable, tiene riesgos de profundizar la desafección de una parte de la ciudadanía con la política, … Por supuesto. Pero nadie puede esperar que un partido político renuncie a sus convicciones y compromisos porque una acumulación de circunstancias extraordinarias nos haya traído hasta aquí.

Nunca antes habíamos tenido que elegir entre dejar gobernar a un partido acusado (no solo investigado) por corrupción sistémica, o repetir elecciones. Corrupción que presuntamente le ha servido para pagar elecciones, sobresueldos y sedes, y aún sobrarle dinero para esconderlo en paraísos fiscales. Hacer Presidente a quien, recordemos, afianzó la presidencia de su partido en 2008 gracias al apoyo decisivo del PP valenciano, de tantos lideres municipales, provinciales y autonómicos que hoy están acusados o sentenciados por corrupción y a los que Mariano Rajoy reiteradamente ensalzó. Además, nuestro sistema electoral y de investidura están diseñados para escenarios políticos bipartidistas que hoy ya no existen. Habrá que cambiarlos para evitar enfrentar el sacrificio de unos o el bloqueo de la gobernabilidad.

Por todo ello pienso que si el Partido Socialista de Navarra me invitara de nuevo a concurrir en unas terceras elecciones mi obligación y deseo sería reiterar mi compromiso y explicar a la ciudadanía con toda naturalidad y confianza que el partido socialista ha sido consecuente. Que en Navarra existen los votos suficientes para no resignarse y para hacer posible un gobierno limpio y de fiar, capaz de reconducir los graves desafíos económicos y sociales que tiene España. Que no nos resignamos a aceptar un mercado laboral que distribuye la miseria, a no tener voz en la formación de la nueva Europa que es necesaria, a dar la espalda a los miles de refugiados que siguen llamando a las puertas de Europa, a hacer oídos sordos a la amenaza independentista, a aceptar el crecimiento de la desigualdad y la corrupción como un mal menor. Explicaré que vamos a unas nuevas elecciones porque el Partido Popular ha decidido atrincherarse en su pasado, y por la intransigencia de un partido que llamándose en ocasiones socialdemócrata votó en contra de que España tuviera un gobierno socialista. Explicaré también que el partido socialista no estuvo a la altura de las circunstancias ni suficientemente unido para afrontar esta crisis, pero que supo anteponer la ética y el compromiso con sus votantes por encima de su conveniencia.

Concluyo ya avanzando que si, a pesar de lo que pienso, el próximo Comité Federal de mi partido considera que la opción es otra, votaré con el conjunto de mis compañeros del grupo parlamentario. Porque defiendo la opción de la ética y la responsabilidad, y aspiro a convencer a quienes no piensan igual para que voten conmigo. Por eso mismo no se entendería que yo hiciera lo contrario.