04 Jun 2021 ARTÍCULO DE OPINIÓN: «NAVARRA TERRITORIO INNOVADOR, UN MODELO PROGRESISTA DE INCORPORAR EL CONOCIMIENTO A LA SOCIEDAD»

Artículo de opinión. De Juan Cruz Cigudosa, Consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno de Navarra.

Todas las sociedades, con sus peculiaridades, Navarra también con las suyas, avanzan, evolucionan, dirigidas a buscar el bienestar común basado en una educación, una salud, un salario y una vivienda justas, que nos permitan disfrutar de un conjunto de derechos que nos hacen personas más libres y nos permiten dejar un mundo mejor que el que nos encontramos.

En ese avance de la sociedad nos encontramos murallas que hay que derribar de origen natural, humano o mixto, como guerras o pandemias, o momentos clave, disruptivos, que nos ayudan a recorrer con mayor velocidad ese camino de desarrollo común. Me propongo hablar de eso, de los aceleradores del cambio en positivo, de lo que nos hace mejorar, ser más felices, sentirnos más realizados y con mayor esperanza en el futuro.

A lo largo de la historia, ha sido la Ciencia, con mayúsculas, y la implementación en la sociedad de sus descubrimientos (lo que denominamos generalmente transferencia o innovación) lo que ha permitido que el hombre se asentara, cultivara y se organizara para obtener más recursos de su entorno. El pensamiento científico, la curiosidad humana, nos ha llevado desde la rueda a Marte. Nos ha hecho preguntarnos por nuestro destino y entender que las formas de establecer las relaciones humanas, o son mínimamente éticas o dejar de ser humanas y no perduran.

La innovación y la tecnología derivada del desarrollo científico nos está sacando de la pandemia más importante del siglo XXI. Eso es así, sin paliativos. El mundo conocido ha recurrido a la ciencia y ésta nos ha respondido de forma contundente con rapidez, vigor y ejemplaridad. Ha habido, hay y habrá altibajos en cómo esa ciencia llega a todos, pero esa discusión dará para otro tipo de reflexión, es momento de hablar de lo positivo.

Con todo el viento de cara, con la sociedad valorando a los científicos como nunca, aterricemos ahora cómo hacer que la ciencia cumpla con tres objetivos: asentar su papel como reactivador tras la pandemia, crecer como palanca de futuro y mejorar para que la innovación que se provoque se traduzca en trabajo mejor remunerado, una economía próspera y distribuida y un impacto social que alcance a todos. Ahí es nada.

En términos de imagen pública, que la política científica cumpla esos objetivos lo vemos casi exclusivamente asociado a reclamar, de forma justificada y casi monotemática, una financiación mejor y, sobre todo, más estable. Una financiación menos sujeta a vaivenes coyunturales que nada tienen que ver con la necesidad perenne de aumentar el conocimiento, la innovación y su aplicación para mejorar nuestra sociedad (otra vez, más progreso, trabajo, salud, riqueza distribuida). Eso sí, aceptemos que los científicos no solo piden financiación por pedir, piden algo más que dinero, piden poder cambiar las cosas a mejor y poder hacerlo en condiciones laborales dignas y acordes a la tarea que llevan a cabo.

Hasta aquí todos de acuerdo, sin embargo, pocas veces se pone el foco en que la política científica y de innovación no solo debe responder a los grandes retos socioeconómicos que nos plantea ahora mismo, por ejemplo, la pandemia. También debe responder a los que se han visto agudizados por esta crisis, como la despoblación, el acceso a la conectividad para la educación o las brechas por género, diversidad funcional, afectiva o étnico-racial para el teletrabajo. Y debe responder de una forma proactiva, en positivo, para paliar los efectos negativos de esas inequidades.

Estamos ante una época de cambio, no ante un cambio de época y además convencidos de que la innovación social debe correr paralela a la revolución científico-técnica. Por ello, la innovación social tiene que revisitar los antiguos valores que propiciaron el pensamiento social. Los valores del respeto, de la tolerancia, de la templanza, de la comunidad, del vínculo social. Harari nos advierte que la base de la condición humana es la realidad intersubjetiva; la cultura compartida entre la gente. Y que es en las contradicciones donde se fortalecen los valores.  No hay nada más inteligente que la suma de inteligencias.

Servido el reto, ¿cómo lo enfrentamos? Hablemos de lo que hacemos en Navarra creando un sistema de innovación integrado al más alto nivel en las estructuras de Gobierno (leamos ahí presupuesto e interlocución) que tiene una estrategia compartida (RIS S3, Plan Reactivar Navarra-Nafarroako Suspertu, y ahora Next Generation EU), estructura, herramientas y una participación ciudadana que incluye a todos los agentes sociales. Vamos, un acuerdo explícito en acciones ejecutivas y legislativas que se traduce en un acuerdo regional implícito y aceptado por todos. En Navarra repetimos como mantra que, sin conocimiento y sin innovación, no habrá recuperación.

Este sistema navarro de I+D+”I” (con mayúscula), de acrónimo SINAI, coordina, registra y categoriza a todos los agentes implicados en la innovación: universidades, centros de investigación, centros tecnológicos, agentes singulares (como divulgadores o asociaciones civiles), clusters sectoriales de empresas, y una figura peculiar, las unidades de I+D+I empresariales. Sobre estas unidades, definidas como entidades jurídicas propias sin ánimo de lucro dentro de empresas y con personal dedicado en exclusiva a la innovación, solo indicar el impacto positivo que tienen en sus organizaciones en la captación de fondos, así como en acelerar y generar cultura de innovación próxima a la producción industrial. Esta figura, lanzada en plena pandemia en Navarra, ya tiene tres ejemplos en tres sectores estratégicos: funcional printing, refrigeración y agroalimentación. Y hay más en lista de espera. Navarra territorio innovador.

Las herramientas. Tener organizado así el sistema permite atender las necesidades de los diferentes tipos de agentes, algunas compartidas como la incorporación de talento, pero otras no, como los incentivos fiscales. Creemos en un sistema donde la financiación pública asegure que las convocatorias cumplan su papel de asentar, crecer y mejorar la ciencia en su conjunto, pero que también necesita estar cerca del tejido productivo y social para que permita emprender. Es decir, creemos en un sistema que proporcione equidad, no igualdad.

Y lo estamos poniendo en marcha, en 2020 se puso en pie un Plan de Choque dotado con 36,5 millones de euros con acciones urgentes y ajustadas a diferentes necesidades: de las muy específicas como el fondo COVID (biosanitaria), a las más generales de financiación basal (Evoltech) para centros. Por cierto, también lanzamos una “convocatoria de rescate” para aquellos centros tecnológicos que colaboran con la industria y que, parada ésta por la pandemia, sufrieron un gran deterioro en sus ingresos (es decir, rescatamos la tecnología). Un sistema organizado y cercano al territorio permite actuar de forma rápida, casi quirúrgica, para solucionar problemas.

Las consecuencias. Un sistema que, además, tiene visión progresista, equilibrada socialmente y cada vez más inclusiva. Selecciono un ejemplo, las convocatorias de incorporación de personal científico y tecnológico, destinadas a reforzar el tejido profesional a través de la incorporación de talento de alta cualificación y abiertas a todos los agentes del SINAI y las empresas (con diferente grado de intensidad en la ayuda).

En sus bases, diseñadas para Navarra, estas ayudas obligan a que todas las contrataciones sean compatibles con los Objetivos el Desarrollo Sostenible: entre ellos han destacado los de Industria, innovación e infraestructura, salud y bienestar, y hambre cero. Además, incentivan positivamente la estabilización de personal de alta cualificación por mantener en plantilla contrataciones subvencionadas en anteriores convocatorias, el empleo de personas con diversidad funcional y la aplicación medidas de conciliación laboral. Y la verdad es que la sociedad navarra responde a esa sensibilidad, en el 2021, hemos recibido un 53% más de solicitudes, la mayoría de PYMES, seguidas de agentes convencionales (universidades, centros), grandes empresas, y unidades de I+D empresarial.

Tengo el honor, la responsabilidad y la suerte de formar parte del Gobierno de Navarra. En nuestro Gobierno las políticas progresistas no se quedan en el plano teórico, las ejercemos, las ponemos en práctica, cada uno desde nuestro ámbito de actuación. Nuestro Departamento tiene las competencias de política universitaria, de ciencia, tecnología e innovación y la responsabilidad de transformar digitalmente nuestra sociedad. Todo un reto transversal que estamos asumiendo y convirtiendo en oportunidad, incorporando la innovación tecnológica y social en los proyectos públicos y privados de recuperación. Nos ocupa el conocimiento y nos preocupa que ese conocimiento se transfiera lo antes posible al ciudadano, y lo haga sin dejar a nadie atrás. De verdad.

Empiezo como termino, Navarra es un territorio innovador, que mima y cuida la ciencia y la tecnología, la integra en la industria y la sociedad. Un modelo mejorable, por supuesto, pero también un buen ejemplo.

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