18 Abr 2017 A vueltas con el copago de medicamentos: ¿qué efectos tiene?

JESÚS MARI FERNÁNDEZ DÍAZ (Portavoz de sanidad del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados) Diario de Navarra – El sistema de aportaciones de los ciudadanos al coste de los medicamentos (copagos) fue modificado de manera brusca y sin ningún diálogo por el Gobierno en 2012. Desde entonces asistimos a una continuada polémica social y política a cuenta de la necesidad y la manera de aplicar el copago de los medicamentos (a quién y cuánto). Y conviene, como siempre en política, además de explicar las diferentes y legítimas posiciones ideológicas, arrojar luz y evidencia sobre esta polémica.

Hace solo unos días se ha publicado en una de las primeras revistas médicas mundiales (British Medical Journal) una investigación de economistas españoles del máximo prestigio que concluye que el copago de 2012 tiene como consecuencia que determinados pacientes, sobre todo aquellos a quienes más se les ha subido el copago, abandonan su tratamiento, especialmente con los medicamentos de mayor precio, entre otros los últimos antihipertensivos. Por eso sugiere la exención completa del copago a los pacientes de mayor riesgo.

El copago sanitario, también el de los medicamentos, tiene dos posibles utilidades: un efecto disuasorio, que teóricamente haría a las personas utilizar menos los servicios o medicamentos con menor “valor sanitario”; y un posible efecto recaudatorio. Toda la literatura económica afirma que, de ser útil, debe serlo como disuasión de tratamientos no necesarios y no como mecanismo de recaudación, el cual debe descansar sobre los impuestos (progresivos) y no sobre el uso de los servicios (determinado por la necesidad). El copago de los medicamentos por los pensionistas, instaurado en España en 2012 por el Gobierno del Partido Popular, ni ha contenido el incremento de fármacos, ni ha evitado su despilfarro. El crecimiento en el número de recetas dispensadas en el Sistema Nacional de Salud creció en 2016 (2,21%) por encima de lo que creció en 2012 (1,67%) respecto al año anterior respectivamente. Su pretendido efecto racionalizador ha sido por tanto fugaz. Y la drástica reducción del despilfarro en medicamentos que se anunciaba por el Gobierno para justificar el copago tampoco ha resultado avalada por las cifras. En 2015 se han recogido en los puntos limpios de las farmacias españolas 400 toneladas más de residuos de medicamentos que en 2011, un 11% más.

El copago sí ha tenido en cambio un fuerte impacto recaudatorio, y precisamente por eso resulta injusto. El gasto de bolsillo en medicamentos que se han visto obligados a realizar las personas mayores de 65 años en España ha crecido en 835 millones de euros en los cinco últimos años, un crecimiento del 45%. De media, una persona mayor de 65 años hoy en España gasta 90 euros más al año en gasto sanitario (incluidos medicamentos) que hace cinco años. Mientras tanto la pensión mínima ha crecido 15 euros y la pensión media 21 euros al año. Por tanto, solo el copago sanitario (sin hablar del copago de la dependencia) se ha comido más que de sobra el ridículo incremento de las pensiones.

El copago ha tenido un efecto disuasorio negativo, es decir ha provocado el abandono de tratamientos necesarios en no pocos pacientes, como demuestra el estudio mencionado. En España, según el último Barómetro sanitario, un 4% de la población general ha dejado de consumir algún medicamento por falta de medios económicos, aunque en algunas CCAA españolas esa tasa llega hasta el 10% de la población. La Encuesta Europea de Salud lleva esa cifra hasta el 6% de ciudadanos españoles en la clase social de menos renta, y superior al 6% entre los desempleados y quienes tienen alguna incapacidad para trabajar. Varios estudios españoles realizados a pie de consulta a partir de 2012 coinciden en demostrar una tasa de incumplimiento terapéutico como consecuencia del copago o de problemas económicos entre el 10 y el 15% en pacientes crónicos diabéticos y coronarios, entre otros. A pesar de todo ello, el Gobierno sigue sin evaluar el efecto de los copagos sobre la adherencia al tratamiento.

Hay quienes justifican el copago desde la dudosa premisa de que otros países lo aplican. Sería algo así como “un mal necesario o inevitable”. Ignoran que los sistemas sanitarios se diferencian en muchas de sus condiciones. Muchos países aplican copagos del usuario con el objeto de limitar el acceso a servicios que el paciente puede solicitar o acudir directamente: copago en la consulta, copago en urgencias, copago en pruebas médicas, … Afortunadamente el sistema español dispone de un modelo con un fuerte papel asistencial de la atención primaria que permite adecuar y “filtrar” mucho mejor que otros países la demanda directa de los ciudadanos. Esto hace por ejemplo que tengamos una alta tasa de frecuentación al médico general y sin embargo una menor tasa comparativa de consulta a médicos hospitalarios.

El copago es, pues, además de injusto ineficaz. Injusto porque perjudica a las rentas bajas y medias principalmente. Ineficaz porque perjudica la continuidad de los tratamientos sin contener el crecimiento del gasto en el medio plazo. Es también innecesario si en su lugar se tomaran otro tipo de medidas no coercitivas, como la optimización en la prescripción de medicamentos, el fomento del medicamento genérico, los programas de seguimiento farmacoterapéutico, la educación a la población sobre el uso racional del medicamento, la transparencia y mejora en la fijación de los precios.

Por todo ello el copago de medicamentos debe tender a desaparecer y no a extenderse, comenzando por el que afecta a personas con rentas bajas, que son las que más dificultad presentan para continuar con los tratamientos que pueden ayudarles a curar o controlar sus enfermedades crónicas. Y precisamente esa es la iniciativa que el Partido Socialista de Navarra trajo al Parlamento Foral y ahora el Gobierno debe comenzar a aplicar.