Antonio Magdaleno Alegría
Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Cantabria y miembro del Comité Regional del PSN-PSOE
DIARIO DE NAVARRA
Tras sufrir una importante derrota electoral, el PSOE aborda su 38º Congreso Federal, donde determinará sus líneas básicas de actuación y elegirá a la persona que dirigirá la organización. Por el momento, sólo dos personas, Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba, han mostrado su disposición a afrontar el reto de dirigir al PSOE y, por tanto, consagrar una parte importante de sus esfuerzos al noble ejercicio de servir a los demás.
Son muchas las cuestiones que se analizan en la ponencia marco del PSOE, pero quiero centrarme en una de ellas, la necesidad de mejorar el sistema democrático. La Constitución española de 1978 estableció un sistema democrático, optando esencialmente por la democracia representativa. Para hacer posible su articulación, en un Estado donde conviven millones de personas, la Constitución contempla a los partidos políticos como un instrumento fundamental de participación política. Y, precisamente por este motivo, establece la obligación de que los partidos políticos tengan una organización interna democrática; cuestión desarrollada, en cuanto a sus mínimos, en la Ley Orgánica de Partidos Políticos.
Ante la exigencia de la población española de mejorar el sistema democrático, la ponencia establece dos tipos de medidas: de un lado, desde la perspectiva de la democracia interna, contempla, entre otras cuestiones, la obligatoriedad de que las minorías estén representadas en los órganos de dirección, la reducción del número de avales necesarios para que una persona pueda ser candidata a concurrir a las elecciones, o que los simpatizantes socialistas puedan participar en la designación de los candidatos. De otro lado, desde la perspectiva de la mejora del sistema democrático, se aboga por una mayor transparencia en la gestión de la res pública, la mejora de los mecanismos de participación de los ciudadanos o la reforma, alcanzando el mayor consenso posible, del vigente sistema electoral, probablemente en sentido similar al alemán.
Pero, en mi opinión, la democracia no sólo puede ser considerada exclusivamente como un mecanismo o procedimiento para la adopción de decisiones, sino también es una cultura, una aptitud e, incluso, una forma de ser y de actuar. Es clásica la idea en el parlamentarismo de que a través de la libre y racional discusión, de la libre competencia entre las ideas, nace la verdad más segura. En este sentido, creo que el debate que se está realizando en el seno de la organización está siendo muy intenso, sincero y, sobre todo, respetuoso. Ambos precandidatos, Rubalcaba y Chacón, están recorriendo las distintas agrupaciones locales para explicar a los afiliados cuáles son sus proyectos para el futuro del partido y porqué creen que son las personas idóneas para dirigirlo. Todo ello utilizando argumentos en positivo y, por tanto, sin ninguna descalificación a su adversario, ni dentro ni fuera del partido. Creo que esta cultura política democrática, no sólo se debe dar en el seno interno de los partidos políticos, sino que se debe extender al resto de la sociedad. Una vez que parece que finalmente ha desaparecido el terrorismo en nuestro país, las contiendas electorales se deben realizar exclusivamente con el objeto de tratar de convencer a los ciudadanos sobre las bondades y necesidad de dar solución a los problemas desde una determinada perspectiva. Y, desde luego, siempre que se realice pacíficamente, me parece lícita e, incluso necesaria, la crítica a lo realizado o propuesto por el adversario político, pero sin descalificar o desprestigiar a la persona o acudiendo al denominado discurso del odio que, en mi opinión, es extraño a una verdadera cultura democrática. Siempre he creído, pese a la lamentable existencia de casos de corrupción, que el hecho de participar en política o en cualquier tipo de ente asociativo es un acto de generosidad hacia los demás, consiste en emplear parte del tiempo y esfuerzo personal al objeto de alcanzar el bien común y, por ello, las personas que se dedican a esta tarea merecen mi profundo respeto.