Al secretario general del PSN-PSOE le toca poner voz y cara a los ajustes anunciados por el Gobierno central. Roberto Jiménez insiste en que las medidas son "necesarias" e "imprescindibles" porque, afirma, "la alternativa era recortar las prestaciones por desempleo"
Ibai Fernandez - Domingo, 16 de Mayo de 2010
Pamplona. Tras dos años y medio defendiendo una salida "social" a la crisis, el Gobierno de Zapatero tira de tijera para cumplir los compromisos de estabilidad marcados por la UE. Medidas antipopulares que el presidente explicó personalmente a los líderes regionales del PSOE para que hagan pedagogía en sus respectivos territorios. "Había que ganar credibilidad ante los mercados", defiende el secretario general del PSN, que pide "comprensión" a los afectados. "Hay que hacer un esfuerzo como país", reclama.
¿Les ha estallado la crisis en la cara?
No, claro que no. La crisis ha tenido distintos avatares que han exigido distintas respuestas. Primero se dispararon los tipos de interés y el IPC, luego cayeron en picado y después subió el desempleo de una manera bestial. Cada situación requiere una medida distinta. Ahora, tras lo ocurrido en Grecia, y con el euro puesto en duda, era imprescindible tomar determinaciones para salvar la economía española.
En cualquier caso, hay una rectificación evidente. Después de regalar cheques-bebé y descuentos de 400 euros sin progresividad, se ha acabado haciendo lo que se decía que no se iba a hacer.
Me consta que hasta hace bien poco el Gobierno no tenía esto en la agenda, pero no es ninguna rectificación. Hay que entender el dinamismo de la crisis. En un momento se apostó por la inversión productiva, y ahora por la contención. Es un adaptación a la realidad sin una renuncia a los principios irrenunciables.
¿No falta algo de autocrítica?
En algunas cuestiones se han podido cometer errores. Es evidente que no se supo atisbar la magnitud de la crisis, y lo reconocemos con absoluta sinceridad. Pero no es un error único del Gobierno o del PSOE.
Puede ser, pero hace meses que desde el exterior se venían reclamando medidas de control del gasto.
Muchas veces las cosas no son como son, sino como parece que son. La economía española es sólida y los niveles de endeudamiento son razonables. Pero los mercados internacionales y los grandes centros de poder han generado, probablemente por interés, la idea de que esto no funcionaba bien. España es una potencia que compite con los países donde están esos centros de poder.
¿No es lo fácil echar la culpa a especuladores desconocidos?
En lo que es crisis financiera no tengamos ninguna duda de que es así. Otra cosa es que como país tengamos algunos déficits importantes, como la competitividad o la balanza comercial. Pero estamos mejorando en las exportaciones, los datos de empleo tienen visos de mejorar, y aunque moderadamente, el PIB empieza a despegar. El Gobierno ha esperado a que la economía empiece a funcionar para acometer esta reforma.
Parece más bien que las medidas han venido impuestas desde fuera.
Hay una coincidencia con las decisiones adoptadas en Europa, pero afectan a todos los países. A España le ha tocado el déficit, a Francia reducir la deuda, a Alemania reformar las pensiones y a Italia otro tanto. Pero lo importante es que con estas medidas se va a reducir el déficit en dos terceras partes de lo marcado para 2013.
A costa de un duro recorte social.
Los pilares del estado de bienestar no se atacan. Ni la sanidad, ni las becas, ni la educación y ni el subsidio de desempleo se van a ver afectados. Es duro, pero también imprescindible.
Las medidas también van a tener una repercusión directa en la recuperación económica. El consumo y el empleo se van a resentir.
Puede que el consumo se resienta por la merma del poder adquisitivo de los funcionarios y de los pensionistas, pero es relativo. Y en cuanto al empleo, hay mecanismos de colaboración público privada para garantizar que las obras sigan su curso.
¿Por qué siempre acaban pagando pensionistas y trabajadores?
No es así. Los recortes afectan fundamentalmente a los funcionarios, que tienen el empleo garantizado. Y los pensionistas afectados no son todos. Son aproximadamente la mitad, y los mismos a los que se les ha incrementado la paga en un 30% desde que está Zapatero.
¿Entiende el malestar?
Entiendo que no estén contentos. A nadie le gusta que le reduzcan el salario, ni que le congelen la pensión. Les entiendo, pero también les pido humildemente que hagan un esfuerzo como país. Había dos opciones, atacar las prestaciones de los más vulnerables o hacer estos ajustes. Pero España es el país europeo que más protege a los desempleados, y eso es algo que no se va a cambiar.
También se puede recuperar el impuesto de patrimonio, gravar más los beneficios de la banca o subir las cotizaciones de las rentas altas.
Todo tiene su tiempo, y la reforma fiscal es algo que está en la agenda del Gobierno. Es muy previsible que más adelante haya novedades.
¿Qué va a pasar con el TAV?
No tengo ningún dato que me haga pensar que no se van a cumplir los compromisos. La financiación del corredor navarro está garantizada.
¿También la del tramo Castejón-Zaragoza, que es de Fomento?
Se buscará una solución inteligente para que no haya retrasos. No tengo ningún miedo de que ambos proyectos irán acompasados.
¿Qué le ha parecido la reacción del Gobierno de Navarra?
Me ha sorprendido. Primero dicen que no se van a poder financiar más servicios; luego que hacen falta medidas dolorosas; y cuando se toman, que llegan tarde y que es un estacazo nacional. Pero el Gobierno foral tiene sus propios datos: 151 millones de déficit, de ellos 71 por el gasto disparado. Con eso no se puede dar lecciones a nadie.
¿Qué quiso decir cuando denunció la impostura del Gobierno?
Que estas medidas le resuelven buena parte del problema sin ningún coste político. El dinero que se ahorre con la rebaja de sueldos de los funcionarios se queda aquí, y servirá al Ejecutivo para cuadrar sus cuentas. Por mucho que digan de cara al exterior, están encantados de que se les haya resulto buena parte del problema.
¿Le ha sorprendido la respuesta de los sindicatos?
Entiendo perfectamente que en el ámbito de la función pública se sientan molestos. Pero en muchas empresas están haciendo ajustes mucho más dolorosos que lo que ocurre en la función pública, y tienen que ser comprensivos. Se están acordando EREs, y en algunas empresas se han rebajarse el sueldo para repartirse el trabajo.
¿Les preocupa la presión social?
El Gobierno tiene sobradamente acreditada su capacidad de diálogo, y espero que se pueda llegar a un acuerdo con los agentes sociales.
¿Lo de reducirse el sueldo un 15% es un lavado de cara?
No, es coherencia. No se les puede pedir un esfuerzo a los funcionarios y que la clase política no haga nada. Es algo ético.
¿Cómo vio a Zapatero el miércoles? Se ha empezado a hablar de elecciones y moción de censura.
Es una de las decisiones más duras que le ha tocado, y es evidente que no es plato de buen gusto. Pero el presidente está fuerte.
¿Había preocupación entre los líderes regionales por las consecuencias electorales de los recortes? Al fin y al cabo, se van a medir en las urnas en apenas un año.
No tratamos en ningún momento cuestiones electorales. Estamos centrados en esta materia, y nadie planteó ese tema. Somos el partido que gobierna y nuestra obligación es guiar al Gobierno, apoyarle y explicar sus decisiones. La prioridad es la crisis, no las elecciones.