15 Mar “Cambio hacia atrás en Pamplona”, por Eduardo Vall

El tenso e interminable Pleno celebrado el pasado jueves (más de diez horas de duración) puso de manifiesto la progresiva fragmentación social que se está produciendo en nuestra ciudad desde que el nacionalismo ocupa la alcaldía. Sendas declaraciones de nuestro grupo municipal y de UPN, solicitando la paralización y alternativas a los repentinos, unilaterales y de dudosa legalidad cambios lingüísticos y zonales en las escuelas infantiles municipales de Pamplona, adoptados en un contexto de constantes decisiones locales y regionales discriminatorias hacia el castellano en beneficio del euskera por parte del gobierno de Barcos y del alcalde Asirón, han evidenciado el sectarismo y omiso caso que el cuatripartito tiene hacia la ciudadanía pamplonesa que no comparte sus postulados identitarios. Nada parece detener a un alcalde engreído y de formas autoritarias que se cree destinado a conducir a nuestra ciudad hacia la tierra vasca prometida por Sabino Arana y sus descendientes. Todo muy lamentable, máxime cuando esta decisión viene con el incomprensible aval de dos grupos que se dicen de izquierdas como IE y Aranzadi. Ver para creer.

Así las cosas, quedan en un segundo plano otras importante decisiones tomadas por este Pleno, como es el caso de la aprobación del nuevo Protocolo municipal que regula honores, distinciones y normas protocolarias de nuestra ciudad y que, más allá de diferencias puntuales propias del tema, ha evidenciado algunos estrafalarios comportamientos tan en boga en esta nueva pseudoizquierda populista de escaso bagaje político y nulo rigor intelectual. La inacción del equipo de Asirón también se ha puesto en evidencia en relación al solar ocupado por unos chabolistas en el barrio de Santa Mª la Real, con una creciente alarma social y vecinal derivada de las ínfimas condiciones en que los responsables municipales permiten que vivan sus moradores.

Otro de los momentos bochornosos fue cuando el cuatripartito rechazó una declaración en contra del acoso escolar, en la misma línea y contenido de las que la totalidad de fuerzas políticas está aprobando en otros muchos municipios, por el hecho de venir a iniciativa de nuestro grupo y con aportaciones en forma de enmiendas del grupo regionalista, lo que ha provocado el enfado y la frustración de los jóvenes representantes de la organización Adelante, que lucha contra dicha lacra y que, presentes en el pleno, han visto con incredulidad cómo el llamado gobierno del cambio hacía oídos sordos a sus justas reivindicaciones. ¡Ay si se tratara de unos okupas al uso!: mejor les iría.

No es de extrañar que en este edificante contexto, las broncas y los reproches verbales y gestuales campasen a sus anchas a lo largo de un pleno que sobrepasó al alcalde y que tuvo un colofón acorde a lo vivido, con un discurso surrealista propinado por un Asirón desatado y faltón blandiendo argumentos de dudoso rigor historicista y atizando mandobles a una sufrida oposición que, de manera unilateral, en el caso de UPN, y con paciencia franciscana en nuestro caso, abandonó el salón de plenos con la sensación de haber vivido una experiencia tan triste como preocupante. ¿De verdad que éste es el cambio que necesita nuestra querida Iruña?

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